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"Caerse esta permitido, levantarse es obligatorio"

domingo, 15 de mayo de 2011

Game or love. Chapter 1


Era otoño, en toda la ciudad de Nueva York se ponía el sol y ella estaba ahí, sentada bajo los arboles de ese magnifico parque, absolutamente sola, simplemente con él, con el ser humano que le había hecho feliz momentos tras momentos, su perro, Andy.
Él se revolvía en su costado, juguetón y con ganas de que ella se levantara del césped verde y fresco de ese parque y pudiera jugar con él, pero ella no estaba de ánimo. La aventura que fue a realizar a Nueva York no resultó para nada como ella pensó. Creía que iba a ser feliz, que encontraría un gran trabajo en New York Times como periodista y encontraría al chico de su vida, pero no, no fue así. Todo era distinto a lo que ella había imaginado. Quizás es porque planeó su vida antes de comenzar a vivirla o incluso fue porque tanta desesperación no es buena en ningún sentido. Y allí estaba ella, sola, con su perro como cualquier cuarentona, tirada en el césped sin ni siquiera ganas de levantarse.

Andy empezó a lamerle la cara y entonces ella dejo de lamentarse interiormente y murmuró con rabia -¡Basta ya Andy! ¿No entiendes que quiero estar sola de una maldita vez?- dijo incorporándose de un salto para quitarse de encima a su tan querido perro.
Andy, como cualquier otro perro , agachó las orejas y se acurrucó bajo del árbol, a la sombra gruñendo por lo bajo.
Sophie se levantó, mirando al vacío y sintiéndose en sí misma vacía y empezó a caminar, sola sin su acompañante de siempre, que por una vez había entendido a su manera, que quería estar completamente sola. Decidió andar por las colinas verdes de ese parque gigante y magnífico y así se dispuso a hacer, cuando alguien, con un tono irónico y enojado le gritó- ¿Puedo saber tu motivo para tratar tan bien a tu perro? Ya veo, que eso de que los Neoyorkinos no tienen educación es cierto señorita...-murmuró con un hilo pendiente de que ella le contestará, pero le ignoró. Si se giraba y le contestaba, quizás ese chico la odiaría para siempre sin ni siquiera conocerla, asique como dicen, que le ignorancia es el mayor poder de una persona ante la gente pesada y los problemas que nos acometen, decidió ignorarlo y marcharse algo lejos de donde aquel tipo y su perro se habían quedado.
Comenzó a andar sola y respirando hondo, sintiendo el aroma del frescor del césped, con unas ganas terribles de llorar. No sabía el porqué después de tan poco tiempo, de veinte años exactamente se sentía como si fuera una anciana que no tuviera a nadie ni nada a quien acudir. Cuando no había nada peor que le ocurriera empezó a llover, de nuevo, por cuarta vez en ese día, en esa magnífica ciudad, la que dicen ser la ciudad de los sueños, que para entonces a Sophie, le parecía ser la ciudad de las pesadillas.
¿No nos pasa algunas veces que parece que no haya ni siquiera una persona con la que podamos contar? Es extraño, puede que tengamos a centenas de personas en nuestra vida, conocidos, amigos, unos no tanto y nuestra familia, pero siempre acabamos en algún momento sintiéndonos con ganas de romper con todo y no luchar más por la vida ni por lo que tenemos, hay veces que sentimos que no tenemos nada cuando en realidad lo tenemos todo, quizás sea egoísmo o quizás sea cansancio de luchar por una vida que esperabas de otra manera, pero lo que sí es cierto es que cualquier persona en el mundo que lo piense, alguna vez en su vida ha querido terminar con todo de una vez.